SACANDO LA CREATIVIDAD A PASEAR:

diseñando tu espacio de meditación

Si dentro de tus resoluciones de este año deseas comenzar salir más tu creatividad y buscar lugares que la propicien, creo que un buen punto de partida puede ser la meditación para ti creativo que me lees. ¿Cómo así? Preparar tu propia área creativa en la cual puedas meditar y dejar salir tus pensamientos de una manera sin presión y a tu propio ritmo. De seguro debes estar pensando, “Pero…ajá…me recomiendas meditar y hacer un lugar para meditar para trabajar mi creatividad ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?” 

Shadows of Paradise: Inside David Lynch’s Transcendental Meditation Movement

Resulta que por ejemplo, David Lynch productor y cineasta comenta que los pensamientos creativos van emergiendo cuando se medita, pues se entra en un estado de conciencia y de percepción más profundo de nuestros propios pensamientos e ideas y sobre todo de nosotros mismos como individuos. Pero como yo no soy experta en el tema, esto es sólo una introducción para la verdadera experta, a continuación Taina Cuevas quien nos habla sobre cómo diseñar tu espacio de meditación.

Diseñando tu espacio de meditación

By Taina Cuevas – Certified Meditation and Mindfulness Instructor

A lo mejor ya has oído que la meditación es uno de los mejores métodos de bajar el estrés. Sin embargo, sus beneficios van mucho más allá. Cientos de estudios ya han demostrado que la meditación puede cambiar tanto el cuerpo como la mente—ayudándote con todo desde bajar la presión y regular la glucosa, hasta mejorar tu capacidad de concentración y sí, aumentar la creatividad

Pero si ya has tratado de incorporar la meditación a tu rutina y el hábito no duró mucho, no estás solo. Establecer un hábito nuevo requiere mucho esfuerzo y disciplina, especialmente uno que requiere hacer a un lado las distracciones y pedirle a nuestra mente que se calme. 

Así que, ¿Cómo hacemos para hacer de la meditación un hábito permanente? Empezamos por crear espacio para ello, tanto en nuestra agenda como en nuestro hogar. 

Zen y el arte de diseñar tu espacio

Muy poca gente tiene cuartos enteros que puedan habilitar como estudio de meditación. Pero lo más seguro sí tienes una esquinita de un cuarto que sea callado, o parte del patio, o quizás hasta un walk-in closet que no tenga muchas cosas. 

Lo importante es que dediques ese espacio para este propósito y que seas consistente, para que tu mente lo asocie con la tranquilidad y automáticamente comience a acallarse al momento de meditar.

Cuando se trata de diseñar espacios meditativos, los monasterios budistas Zen son excelentes recordatorios de que se puede crear un espacio conducente a la meditación, sin gastar mucho dinero. 

Sólo lo necesario

“¿Esto te causa alegría?” Es la famosa pregunta de la organizadora Marie Kondo, quien propone que si la respuesta es no, se debe desechar el objeto, no importa qué sea. 

En cierta manera los budistas de la denominación Zen se han hecho esa misma pregunta durante miles de años. Mientras el budismo tibetano se distingue por una algarabía de colores, con altares elaborados y monjes con vestimenta azafrán, el Zen se conoce por su minimalismo, con un enfoque en los materiales naturales y colores tenues. 

Tanto en el diseño como en la filosofía, el Zen se enfoca en el espacio negativo. Por ejemplo, para los que practicamos la meditación de este tipo, la misma se considera una manera de llegar al espacio de silencio entre los pensamientos. Del mismo modo, los centros y los templos Zen tienden a tener pocos objetos y mucho espacio abierto. 

Este mismo enfoque puede ser útil al crear espacios personales de meditación. Aunque tu espacio sea pequeño, aún si es sólo una sección de un cuarto, enfócate en que esa sección tenga sólo lo necesario—o sea, pocas o ningunas chucherías, fotos o memorabilia, y menos aún, cuentas por pagar o cosas que tengas pendientes. 

Entonces, ¿Qué es lo absolutamente necesario?

Mucha gente encuentra que poner un pequeño altar es todo lo que necesitan para “marcar” ese espacio como sagrado. Ese altar puede tener una estatua de una figura espiritual de tu preferencia, o una vela, incienso, o quizás algún elemento natural (como flores frescas o una planta en un tiesto, por ejemplo) que te traiga tranquilidad. 

Colores

Si visitas un centro o monasterio Zen, probablemente vas a ver mucha madera, y los colores marrón, negro, con paredes crema o blancas. Los colores neutros proveen un tipo de canvas en blanco para los practicantes, ofreciendo un ambiente sencillo y sin mucha distracción. Aunque no hay que ser rígidos con ese esquema, sí deben reinar los colores tranquilos que no provoquen mucha energía o emoción. Los azules y verdes que se asemejen a los colores de la naturaleza pueden tener el mismo efecto que los marrones y negros de los monasterios. 

Olores

Sin duda, el olor nos puede transportar y ayudar a acallar la mente. En los templos hindúes y budistas nunca falta el incienso, pero si el humo te molesta—por ejemplo, si te da alergia, estás en un sitio pequeño o sin mucha ventilación—un difusor con un aceite esencial de buena calidad puede ayudarte a crear una atmósfera más meditativa. Si es posible, escoge olores que calmen como la lavanda o sándalo, y evita los cítricos (limón, naranja) que tienden a energizar. 

Comodidad (aunque no demasiada)

Aunque mucha gente asocia la meditación con estar sentado en la postura de loto, la espalda perfectamente recta y las manos en la posición exacta, para asegurarte que sea parte diaria de tu vida, es importante que sea cómodo para ti. Si se te duermen las piernas cuando las tienes cruzadas, o si estar en cierta posición te da dolor de espalda, mejor escoge una silla cómoda o unos cojines que te provean el apoyo que necesites. 

Eso sí, acostarse, aunque sea cómodo, no es recomendable para meditar. La realidad es que si nos acostamos, generalmente nos dormimos y a la larga, esto no nos va a ayudar a formar un hábito de meditación. 

Así que ya sabes, no tienes que gastar un dineral en estatuas del Buda, cojines y velas. Lo importante es crear un remanso de paz en tu hogar, un lugar que te provoque tanta tranquilidad que quieras levantarte esos 20 minutos más temprano para meditar antes del trabajo. O que te invite a dejar el teléfono a un lado cuando llegues a casa para pasar un ratito en silencio. Así es como, en lugar de ser un sacrificio, nuestro nuevo hábito se siente como lo que es—un acto de amor hacia nosotros mismos. 


Taína aprendió a meditar hace más de una década en un centro Zen y, al ver los profundos cambios que esto trajo a su vida a través de los años, se certificó como maestra con el McLean Meditation Institute en County Cork, Irlanda en el 2017. Hoy enseña clases bilingües de mindfulness, meditación, y manejo del estrés para individuos y grupos. También ofrece clases y sesiones de meditación guiadas en lugares naturales a través de la isla. Sus espacios favoritos de meditación son afuera, donde quiera que haya silencio, árboles y/o playa. 

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